Por quién doblan las campanas

Publicamos una nota de un nuevo columnista de dialéctica en la bahía, es marxista y, como no podía ser de otra manera, metalero (je!). Se hace llamar “El Turco”.

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, al igual que si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.

John Donne

Con esta cita como epígrafe comienza una de las mejores y más reconocidas novelas del escritor norteamericano Ernest Hemingway: Por quién doblan las campanas.

La novela se sitúa en plena Guerra Civil Española (conflicto que determinó en gran medida la historia de Europa de mediados del siglo XX) y narra la historia de Robert Jordan, un experto saboteador estadounidense que llega a España como voluntario de las Brigadas Internacionales, y cómo cambia su vida al conocer a un grupo de partisanos republicanos.

Esta historia es recuperada de una manera excelente por Metallica en el tercer tema del disco Ride The Lightning: For Whom the Bell Tolls.

El tema arremete con todo desde la intro: primero el sonido de una campana de iglesia (un réquiem repetido como una letanía) y el bajo distorsionado del inmortal Cliff Burton sonando casi como una guitarra. Y luego, comienza la letra:

For Whom the Bell Tolls – Metallica (1984)

Make his fight on the hill in the early day
Constant chill deep inside
Shouting gun, on they run through the endless gray
On they fight, for they are right, yes, but who’s to say?
For a hill, men would kill. Why? They do not know
Stiffened wounds test their pride
Men of five, still alive through the raging glow
Gone insane from the pain that they surely know

For whom the bell tolls
Time marches on
For whom the bell tolls

Take a look to the sky just before you die
It’s the last time he will
Blackened roar, massive roar, fills the crumbling sky
Shattered goal fills his soul with a ruthless cry
Stranger now are his eyes to this mystery
He hears the silence so loud
Crack of dawn, all is gone except the will to be
Now they see what will be, blinded eyes to see

For whom the bell tolls
Time marches on
For whom the bell tolls

La letra se refiere específicamente a un momento central de la novela: el ataque a un grupo de partisanos por parte del bando sublevado. El protagonista y sus compañeros escuchan la batalla que se da a lo lejos; más no pueden (o mejor dicho, pueden y quieren, pero no deben) ayudar a sus camaradas porque eso significaría poner en riesgo una misión crucial para el desarrollo de la guerra. De esta manera, la banda del Sordo, reducida a solo cinco hombres, queda cercada en la cima de una colina, sin la mínima posibilidad de esperanza.

… miró al cielo, alto, claro y azul, un cielo de comienzos de verano. Tenía cincuenta y dos años y estaba seguro de que era la última vez que lo veía.

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